“El racismo te hace sentir como un animalito, sin querer llamar la atención”

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Brenda Biaani es médica e investigadora en epidemiología social y desigualdades en la salud. Nació en una comunidad indígena zapoteca al sur de México, hace 34 años. La curiosidad y una beca la llevaron a Barcelona en 2013, donde además de estudiar un máster se ha tenido que enfrentar a los estigmas sobre su identidad y lugar de origen. Aún así, Biaani se siente muy orgullosa de sus “pezuñas” migrantes. Las muestra sin miedo, como finalmente lo hará Mánigunaa’, esa bestia escamosa y peluda que protagoniza el relato con el que ganó el segundo galardón del 1er Premio de Escritura Creativa En Palabras [Relatos Migrantes]. “Mánigunaa’ es una máscara de mis propias emociones y sensaciones”, explica Biaani en esta entrevista, en la que reflexiona sobre los motivos que la llevaron a venir a Barcelona, el racismo institucional al que se ha tenido que enfrentar aquí y cómo la escritura le ha ayudado a canalizar sus emociones y aceptar su condición de mujer, indígena y migrante.

¿De dónde surge la idea de crear a Mánigunaa’?

Realmente lo escribí como un flashazo. Lo empecé y, de pronto, ya estaba terminado. Pero sí sé que Mánigunaa’ representa una sensación de otredad, que creo que todos hemos vivido. En el sentido de ser diferente, pero también ser menos ¿Sabes? Los seres humanos nos desvinculamos de esa esfera animal que también es parte nuestra, pero lo apartamos. Entonces el animal es un «otro». A veces en ciertas sociedades, como en la española, sin darse cuenta pueden llegar a hacer sentir a los migrantes ese tipo de otredad. 

¿Tú te has sentido así, aquí en España?

Ahora tengo la nacionalidad española, pero también tengo un recuerdo vívido de la sensación que te provoca el pasar por la frontera, cuando piensas que por cualquier cosa te van a regresar. Ahora ya no me siento estresada por eso y ese nivel de empoderamiento hace que lo pueda ver. Sé lo que significa tener una vida sin necesidad de estar estresada por los papeles, pero también sé cómo era la vida antes, cuando no podía planificarme a tres meses, ni a dos ni a uno  porque es como que todo el tiempo te la estás jugando.

Brenda Biaani posa con la Antología de Relatos Migrantes del colectivo En Palabras

Tiene que ver con esa idea del «otro» no solo como distinto, sino como menos…

…y legalmente como menos. No necesitas que venga nadie y te lo diga, si el gobierno ya te lo está diciendo, si a cada rato tienes que demostrar que eres productivo, demostrar que eres una persona que pueden utilizar, que hay una razón tuya para existir aquí.

Es algo semejante por lo que pasa Mánigunaa’. En tu texto nunca se habla de razas, pero se intuye que el racismo es un tema central. ¿Eso era lo que intentabas mostrar?

Intentaba mostrar cómo nos afecta emocionalmente todo esto. El racismo no tiene por qué ser explícito: sin que te digan nada, tú ya te sientes como un animalito en su huevito ahí escondidito, sin querer llamar la atención. ¿Cómo vas a poder cambiar tu vida, ser mejor persona, darle una calidad de vida a tus hijos, luchar por un mundo mejor, si estás hecho mierda y el sistema te tiene como en una jaulita? No necesita haber una jaula física. Es un tema emocional, que te jode la autoestima, la salud mental y como persona. Para mí, contar esto ha sido también terapéutico. Ha sido hasta hace poco que he empezado a hablar de mí y a decir que soy indígena y migrante, que he sufrido racismo y acoso. Pero hablar de ti sin máscaras es muy difícil. Mánigunaa’ es una máscara de mis propias emociones y sensaciones, que me ayudó a que yo pudiera decir eso: que me sentía como un perrito en la sala del aeropuerto antes de pasar la frontera, que me daba miedo mirar a la gente a la cara, que sentía que cuando me ganaba algo era por lástima y no porque me lo mereciera. Decir estas cosas tras una máscara es más fácil que decirlas abiertamente.

¿Cómo vas a poder cambiar tu vida, ser mejor persona, darle una calidad de vida a tus hijos, luchar por un mundo mejor, si estás hecho mierda y el sistema te tiene como en una jaulita?

¿Crees que la población española es consciente de las consecuencias emocionales que puede tener el racismo en las personas migradas?

Es como preguntarle a la gente si son conscientes que hay oxígeno alrededor de ellos. Jajaja. Nacimos, crecimos y nos desarrollamos con el racismo, con el machismo y con todas las opresiones con una naturaleza tal que se han convertido en parte de nuestra sociedad. Hay que hacer un trabajo muy profundo, tanto emocional como intelectualmente, para empezar a ver lo que hay alrededor tuyo y de la sociedad, así como tus propios comportamientos racistas o machistas o eurocentristas. Hablando particularmente de España, sorprenden muchas cosas. Como por ejemplo que no se pueda reconocer todavía el genocidio que hubo en América Latina. Es algo muy grave y que como sociedad es necesario para sanar heridas que parecen que no tienen nada que ver con nuestra realidad ahora; pero tiene todo que ver, porque es una especie de justicia social. Es un indicativo de que hay racismo y mucho. Es como el oxígeno, pero es que hay mucho oxígeno.

¿Esperabas encontrarte con este escenario cuando viniste a Barcelona?    

Mi proceso migratorio es muy privilegiado e inesperado. Yo vivía en una comunidad indígena, en un pueblito de tres mil habitantes en el sur de México, y vine aquí con una beca. Era un contexto muy complicado, de pobreza y miseria. No digo que no estuviera en una posición económica privilegiada, pero aún así mi principal motivación para migrar fue explorar, conocer y crecer como ser humano. Y sentía que en México no podía hacerlo. 

Brenda Biaani nació en una comunidad indígena al sur de México. Un origen que se ve reflejado en su texto, Mánigunaa’

Mánigunaa’ también migró para explorar, porque quería saber por qué eran tan diferentes a ella…

[Cambia la voz] «¡¿Por qué dice la gente que son tan buenos estos?! ¿De verdad es que soy yo tan mala?». Jajaja. Fue algo así.

¿Por qué crees que desde Latinoamérica y en general desde los países del sur se tiende a idealizar a Europa y al norte-blanco?

Es parte de la cultura que han dejado los colonizadores. Por eso mismo Mánigunaa’ decía: «¿Estos hombres perfectos, me aceptarán?». Y es que aunque tú consigas llegar aquí como migrante, esto no es para ti. No es para ti, porque sigues siendo un animalito. Cuando Mánigunaa’ cruza la frontera, entra y se da cuenta de que sigue siendo un animalito. Cruzó la frontera y no pasó nada. Sigue siendo el mismo animalito que estaba del otro lado. 

Y es que aunque tú consigas llegar aquí como migrante, esto no es para ti. No es para ti, porque sigues siendo un animalito

¿Por qué escogiste el aeropuerto como este escenario traumático para tu personaje?

Porque fue traumático para mí también. He hablado con varias personas, compas migrantes, que se han leído mi relato y todos me dicen que para ellos el tema de estar sentado ahí y el sudar les recuerda a ellos mismos cruzando la frontera. Existe esa idea que te hace creer que solo por haber cruzado la frontera y estar al otro lado ya eres mejor. Pero Mánigunaa’ cuando cruza se da cuenta de que sigue siendo el mismo animalito. Y al contrario, la gente la identifica más como animalito y por eso le crecen las pezuñas. A mí aquí me han dicho que tengo “una cara muy exótica”. En México nunca me habían dicho eso. Entonces mi forma de hablar, mi acento, todas esas cosas que yo ni me daba cuenta que tenía, aquí son un símbolo de que soy diferente. Las pezuñas son una analogía de todas las cosas con las que te pueden identificar y ubicar automáticamente como objetivo de opresión. Por eso decía al principio del cuento: «¿y por qué soy menos si soy blanca?» Claro, porque el hecho de ser blanca en México me hacía no-objetivo de la opresión. Pero cuando el “humano” venía, no importaba si yo era blanca o si era esto o lo otro. No, yo era un animal. 

Al final del relato, sin embargo, Mánigunaa’ de alguna manera acepta sus diferencias

Ese es un resumen de años de aceptar que soy diferente y que eso no está mal. Aceptar que yo no quiero integrarme aquí a la sociedad, sino que quiero seguir siendo diferente. 

Brenda muestra el prefacio de su tesis, donde está incluido el cuento con el que quedó segunda en el 1.er Premio En Palabras

¿De qué manera la escritura te ha ayudado en estos procesos emocionales? 

Tengo una tesis de 350 hojas hablando de este tema y tengo un relato de una hoja y media hablando de lo mismo. Por eso te puedo hablar de todos estos conceptos: el estigma, la integración, la otredad. Todos son temas que he trabajado en mi tesis. Y Mánigunaa’, no sé cómo (porque de verdad no sé cómo), es un concentrado. Hasta el mismo nombre: Mánigunaa’ significa hembra animal en zapoteco, la lengua materna que mi madre se negó a enseñarme. Y aunque ella no lo diga abiertamente, tiene que ver con todos los problemas que ella tuvo por ser identificada por su lengua. A nosotros nos decían que no nos hablaran en zapoteco, que nos hablaran en español. 

¿Por qué crees que pasaba esto?

Porque había una sensación de inferioridad, solo por el hecho de pertenecer a un pueblo indígena. Y por esta idea de que yo era blanca, que a mí no me iban a «identificar» si yo no hablaba zapoteco. Entonces: «si no hablas, no se enterarán de que no eres humano». Esa frase del relato, viene de ahí. 

A nosotros nos decían que no nos hablaran en zapoteco, que nos hablaran en español

¿Recomendarías la escritura como una manera de canalizar todas estas emociones que quizá son difíciles de expresar para una persona migrante?
Totalmente. Es una forma de conectar lo que sientes. Cuando participé en los talleres de En Palabras, cada sesión hacía que fuera tirando del hilo de temas que tenía super arraigados. Se vuelve terapéutico. Es una manera de sacar las cosas y luego comentarlo y recibir el feedback de tus compas. Es amor puro a mostrar tus garras. Estas pinches garras así grandotas, bien bonitas y peludas.

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